Morfopsicología
El rostro y el cerebro | El rostro y el cerebro |
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El rostro es funcional y estratégicamente un componente fundamental del organismo: primeramente es la zona donde se agrupan los vitales “instrumentos” de percepción y expresión: ojos, nariz, boca y orejas (receptores sensoriales). Son, como he dicho, la puerta de entrada y salida de nuestro interior y de los mecanismos de racionalización: percepción y expresión. Además es la única parte del cuerpo que mediante su armazón y sus receptores está en constante interacción con el medio. Sin las referencias visuales, olfativas, gustativas y auditivas que nos proporcionan seriamos más vulnerables e incluso podríamos morir. En el rostro se focalizan, más que en cualquier otra parte del cuerpo, las interacciones organismo/medio. La mayor parte de los nervios del sistema nervioso periférico (SNP) surgen de la médula espinal, pero hay 12 pares de excepciones: los doce pares de nervios craneales, que surgen del encéfalo. Joseph LeDoux (1999), nos dice “los nervios que controlan los movimientos faciales y que hacen regresar las sensaciones desde los movimientos faciales al cerebro van directamente desde el cerebro al rostro, sin pasar por la médula espinal”, ello hace que las conexiones nerviosas sean más cortas, y por consiguiente, más rápidas en la transmisión del mensaje nervioso (eferentes-aferentes), debido a esa proximidad entre rostro y cerebro. Los mensajes que transmite el sistema nervioso son tratados a nivel del encéfalo. Además sabemos que las áreas corticales que reciben estos mensajes del rostro ocupan mucho lugar en relación al resto del cuerpo humano. El rostro da información sobre nuestra identidad individual (sexo masculino o femenino, raza, juicios de edad –juventud y vejez- similitud, y estética) nuestras intenciones (hostil-amistosa), nuestros deseos y estados emocionales (temor, valentía, ira, enfado, asco, tristeza, alegría…). También a través de la mirada podemos saber si una persona está ausente o en situación de escucha en una reunión con más gente. Langton y Bruce (1999) anunciaron que en sus indagaciones científicas habían observado que un cambio de mirada emerge como el disparador de un cambio de atención visual reflexivo, tanto para niños como para adultos. Los estudios hechos por Paul Ekman (1985), Adelman y Zajonc, nos demuestran que al movilizar los músculos del rostro representando un estado de bienestar, alegría, enfado, asco, etc., nuestro cerebro, percibe esa sensación de bienestar, alegría, enfado o asco; lo que nos confirma esa conectividad interactiva del rostro y el cerebro que no se da en ninguna otra parte del cuerpo. El genetista Armand Marie Leroi (2005), profundo conocedor de las mutaciones del ser humano, al hablar de donde se localiza la felicidad nos dice: “Cada vez es más probable que sea en nuestro rostro”,“Cuando juzgamos la belleza de alguien lo primero que juzgamos es su cara”, “todos los médicos están de acuerdo en que la cara es una parte del cuerpo muy complicada donde los ojos, la nariz y las marcas cutáneas reflejan casi todas las enfermedades ocasionadas por el entorno” . Armand Marie Leroi va mas allá y recuerda que casi todos los trastornos genéticos también dejan su huella en la cara” “La belleza, aunque apenas seamos conscientes de ello, es la ausencia de error. No es una cualidad en sí misma, sino la ausencia de vicisitudes en la vida, de mutaciones reflejadas en el rostro, de vez en cuando vemos a alguien que ha escapado de ellas, y decimos que encarna la belleza”. Estas mutaciones también se reflejan en nuestro cerebro por dentro como no podría ser de otra forma, E. Goldberg (2001) al hablar de las patologías o síndromes nos dice: “todas estas patologías tienen abanicos amplios y solapados de expresiones neuroanatómicas, puesto que las pautas de déficit cognitivo dependen más de la neuroanatomía del trastorno que de su causa biológica (una circunstancia que no captan completamente muchos médicos y psicólogos)”. Los morfopsicólogos vemos esas mutaciones causadas por las vicisitudes de la vida reflejadas en el rostro. Lane, A. y otros (1997) nos recuerdan “tanto la piel como el cerebro derivan del ectodermo y se desarrollan paralelamente, por lo que estos rasgos pueden suministrar claves indirectas de la patología cerebral ”como se puede observar en la alteración genética producida por la trisomía 21, que produce el Síndrome de DOWN, ésta tiene consecuencias morfológicas que apreciamos en el rostro y psicológicas: el nivel intelectual, aunque variable según los casos, es bastante más bajo que el normal, y coinciden como acabo de decir, unos rasgos morfológicos identificados en el rostro de manera especial con cierta similitud. El subyacente cerebro y el recubriente rostro están complicadamente entrelazados (DeMeyer, 1975)(39). Se acepta que una apariencia facial inusual, con frecuencia indica una anomalía cerebral (Smith 1988)(40) y que el desarrollo cerebral y craneofacial temprano interactúa en tal medida que “El cerebro debajo y el rostro encima están inexorablemente entrelazados” (Sperber, 1992) El Dr. Sperber nos dice: “La cabeza humana es la sede de grandes cambios evolutivos superpuestos a un conjunto más conservador de estructuras fundamentales que secundan las funciones olfativas, visuales, respiratorias, gustativas, masticadoras y auditorias. Las zonas faciales que albergan los órganos de estas funciones se desarrollan, mediante la emigración y proliferación de la cresta neural ontogénica y la interacción ectomesenquimal, en cinco salientes (el frontonasal medio, y los pares de protuberancias maxilar y mandibular) que están modelados sobre un metamerismo filogenético primitivo….. Lo que está establecido inicialmente para formar el rostro de alguien dicta todo el futuro de este alguien, porque el rostro de uno es realmente su destino”. Desde una perspectiva embriológica, el rostro apoya al cerebro durante su desarrollo. Así pues, alteraciones en el normal crecimiento del cerebro y de la base craneal pueden dar como resultado un modelo facial anormal que persiste después del nacimiento. (Sperber 1992; Diewert & Lozanoff, 1993). El crecimiento frontonasal y las estructuras medias del cerebro (hipocampo y cortex entorinal) se desarrollan en la misma época. Kjaer (1995) : Diewert & Lozanoff (1993) concluyen” “Los resultados de este estudio y el análisis de las cabezas seccionadas frontalmente, realizados por Diewert y Lozanoff, 1993; Diewert y otros, 1993a; Diewert y Wang, 1992, muestran la intima relación entre el rostro y el cerebro durante el desarrollo craneofacial normal. El rostro está esencialmente sustentado por el cerebro en crecimiento, que provoca amplios cambios morfogenéticos en este rostro. Las anomalías craneofaciales se crean, sobre todo, al principio del desarrollo. Igualmente se sabe que las personas que padecen el síndrome de Williams son sociables, empáticas y comunicativas. Su capacidad lingüística es notable, y su coeficiente intelectual es bajo. Estas personas suelen ser de corta estatura, nariz pequeña y respingona, orejas ovaladas, bocas grandes con labios carnosos, ojos saltones muy distanciados el uno del otro y una barbilla pequeña (John P.J. Pinel [2007]). En las personas con síndrome alcohólico fetal (SAF) se encuentran alteraciones morfológicas en el rostro, como son nariz corta, chata y de orificios antevertidos, cabeza pequeña, ojos pequeños, mejillas chatas, mandíbulas pequeñas, labio superior delgado y filtrum interlabial (surco de la línea media del labio superior) plano. Según el Dr. Joaquín Fernández Toral, Prof. de Pediatría (Dpto. de Medicina) de la Universidad de Oviedo y Jefe de la Sección de Genética Pediátrica del Hospital Central de Oviedo, estas alteraciones también nos informan de un desarrollo mental más lento y como consecuencia, de unas carencias cognitivas evidentes, (Smith 1988)(40). Los estudios de gemelos univitelinos nos facilitan una información evidente al proporcionarnos rostros casi idénticos. Dichos estudios han demostrado que gemelos idénticos comparten un gran número de rasgos comportamentales. Estos incluyen gustos y preferencias de tipo religioso o intereses vocacionales que se suelen considerar como rasgos distintivos de la personalidad (Kandel, Schwartz y Jessell, 1999). Igualmente rigurosos estudios científicos que agrupan un gran número de parejas de gemelos, nos informan de que la timidez, la hiperactividad, el optimismo, la agresividad, el desarrollo cognitivo, la sociabilidad o la tendencia a la infidelidad, por ejemplo, son coincidentes en estas personas. Este ejemplo empírico, evidente y determinante nos lleva a afirmar las correlaciones que hay entre formas-funciones y su psicología aunque no sea una correlación simple entre una estructura y una función, pero sí hay una localización funcional interactiva con un resultado diferente en función del soporte de las otras zonas. Como dice Joseph LeDoux (1999) “aunque las funciones mentales implican muchas zonas diferentes que funcionan a la vez, cada función precisa de un conjunto determinado de zonas interconectadas, es decir, de un mecanismo propio”. Estos descubrimientos y deducciones de cómo actúa el cerebro por dentro encajan en el principio y metodología morfopsicológica en la que si bien hay una localización funcional (un mecanismo propio) como puede ser la frente, los ojos, la nariz, la boca, las mandíbulas, etc., no es una relación simple entre estructura y función sino que dicha función será modificada, y por lo tanto con resultados diferentes, dependiendo del soporte que le den las otras partes del rostro y el impulso vital que tengan. Como nos decía el Dr. Corman para poner en evidencia la fisiognomía, “nadie va andando por la calle con una nariz, o una frente, sino que va integrado de todo el cuerpo interactivo”. La Morfopsicología se fundamenta en el conocimiento y en la justa apreciación (cualitativa y cuantitativa) de los rasgos y elementos que componen el rostro, efectuado sobre la ley fundamental de la dilatación-retracción. Su estudio se centra en la ley básica fundamental de la Dilatación-Retracción. Tambien se estudia la ley biológica de la polaridad del sistema nervioso Tonicidad-Atonia que nos informa de la dualidad receptividad-actividad. Con estas leyes biológicaas fundamentales se estudian dos leyes dinámicas: La ley del equilibrio-harmonia y la ley de la integración y evolución que nos informa si el ser integra los antagonismos o no, ya que el ser humano es un todo, o el resultado de una interacción constante de tres instancias: * Su organismo que depende de su ADN que engendrará su constitución. * Su psicquis o espiritu que anima dicha constitución, y , * el medio de vida que participara de la definición del temperamento. La Morfopsicología tiene en cuenta el aspecto cuantitativo y cualitativo del rostro. Jean-François Lambert (Enero 2000), Jefe de la Unidad de Psicofisiología de la Universidad de París IV, Pierre et Marie-Curie, Presidente de la Unidad de Psicofisiología de la Universidad Interdisciplinar de París (UIP) y Presidente de la Sección Francesa de Amnistía Internacional después de varios estudios realizados con morfopsicólogos dice: “Si toda actividad mental está necesariamente sujeta al funcionamiento cerebral, una actividad tal no se reduce a la fisiología nerviosa que no sabría construir el horizonte último de la Morfopsicología”...”Todas las relaciones entre estructuras nerviosas y actividad mental quedan, más que nunca abiertas y la Morfopsicología encuentra su sitio en esta abertura”…“la Neuropsicología aporta a la Morfopsicología argumentos susceptibles para confirmar sus numerosos estudios empíricos e intuiciones… “inversamente, la Morfopsicología está capacitada para aportar a la psicofisiología humana la dimensión de la cual, a menudo, está un poco falta”….”a través de la Morfopsicología he tenido la oportunidad de descubrir nuevas coherencias entre los diferentes saberes dentro de los cuales el hombre es a la vez objeto y sujeto“….”los psicólogos y psiquiatras que sin conocer, la descalifican, desconocen que existe en las correspondencias de la forma y el psiquismo una realidad muy cargada de profundas significaciones”. Alan J. Fridlund (1999) nos dice: “También hemos comenzado a rellenar mapas de las conexiones entre el rostro y el cerebro; las perspectivas en este terreno son halagüeñas, dado que la tecnología aplicada a la obtención de imágenes neuronales les está llegando al nivel de nuestras preguntas (Posner y Raichle, 1994). Quizás más relevante aún sea el hecho de que acabamos de empezar a vislumbrar las íntimas relaciones entre el rostro y el lenguaje, intimidad que recae tanto en sus revolucionarios orígenes como en el papel crucial del rostro en el moderno lenguaje hablado”. No obstante, no se trata de correlación simple, sino de simultaneidad e interacción de fuerzas y funciones. “No existe relación simple entre la forma y la función”, ya que habrá que observar si la dominancia es cualitativa o cuantitativa, dependiendo del modelado y la vivacidad del receptor situado en esta zona y la armonía (sincronismo) entre las tres zonas. Dicho de otra forma, dependerá de la interacción sincronizada de todo el rostro; una zona o un elemento del rostro puede cambiar toda la estructura y personalidad del sujeto. |
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